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Trekking Tilcara - Calilegua[21/3/2018]

Del Desierto a la Selva
Así que sin prisa pero sin pausa le metimos ruta a pleno, Bs.As. Tilcara sin repetir y sin soplar, nos fuimos en plena noche cerrada a 0msnm y al cabo de unas 15 horas ya estábamos tomando unos mates a 2000msnm en el hostel que nos albergaría mientras hacíamos la aclimatación. Nos tomamos lo que quedaba del día de descanso, y al día siguiente fuimos a Purmamarca, un poco de visita y otro poco como para ir moviendo las caderas y subir un par de lugares en vista a lo que seguiría el día siguiente. Y de eso justamente nos toca hablar. Según lo que habíamos averiguado, era un día durísimo el primero del recorrido, unía lo que era Tilcara, con el paraje Huaira Huasi, donde nos tocaría pasar la primera noche. Así que tipo 5am sonó el despertador para arrancar con un desayuno, y ya 6.30hs estábamos arriba del remis de Alexis, quien fue el encargado de llevarnos hasta donde el camino y su auto daban. Bueno chicos, fue lo primero que dijo al llegar, y al instante la piel de gallina me vino al cuerpo, hasta aquí llego yo, de ahora en más, les toca caminar, se despidió, la verdad que muy buena onda el loco. Y bueno, 7.30hs nos tocó cargarnos las mochilas, darle la espalda a casas coloradas, y arrancar nuestro destino, que si todo iba bien, en 4 días estaríamos nuevamente saliendo de la montaña y volviendo al hostel. Y así arrancamos, terminamos de acomodar todo, y encaramos la primer subida, sabiendo que nos esperaba un día de aproximadamente 10 horas de caminata. En muy muy poco tiempo, y con clara queja de nuestro ritmo cardíaco, nos dimos cuenta que habíamos alcanzado una gran altura, ya que el techo colorado, donde nos había dejado el remis, prácticamente no se divisaba. Y por más quejoso que se ponga el bobo, mirábamos el camino, y la subida recién comenzaba, así que cabeza en frío, concentración a pleno, y mentalizar que no llevamos ni 1 hora del recorrido, así que quejas cero. Todo ese ímpetu y velocidad de arranque, se fue de a poco desvaneciendo, y comenzamos con los pasos cortos, y la lentitud lógica de un trekking de esta dificultad, reviso el GPS y ya estábamos casi casi a los 4000msnm, con razón todo se iba poniendo tan duro, y el corazón tan ruidoso. No llevábamos ni 3 horas cargando nuestros 25kg de mochila, que las paradas a tomar aire e hidratarnos, se iban repitiendo más y más seguido. Pero la idea estaba fija y bien formada, esto recién empieza, hay que romper la barrera de los miedos, y ver más allá, que es ese más allá, eso tan grande y hermoso que nos rodea, nuestra gran aleada, la montaña. Porque lo único que hace que la montaña sea una contrincante en vez de una aleada, es tu cabeza, así que hay que centrar las ideas, y amar ese suelo que día tras día nos cuida. Después de un gran esfuerzo, encontramos en lo que sería la primer planicie, un gran lugar para hacer algo más que una simple parada, así que bajamos a lo que sería algo así como una playita, por donde corría un rio bastante angosto, pero alcanzaba para lo que necesitábamos, comer algo, refrescarnos y descansar una media hora, para poder seguir a delante. Una vez hidratados, comidos y hasta cambiados, ya que el sol no paraba de hacernos mojar las remeras que llevábamos puestas, encaramos la parte que según habíamos averiguado, era lo que iba a ser más duro, ya que pasaríamos por el paso a 4150msnm, que es donde estaríamos más alto en todos los días del recorrido. Paso tras paso, la verdad que el corazón se escuchaba prácticamente desde los oídos, ya no solo se sentía a pleno, sino que se escuchaba, algo muy loco, y a lo lejos, y luego de unas 4hs de caminata, vimos lo que sería nuestro primer punto de logro, aquella gran pirca con la cruz que marcaba los 4150msnm. Respirando hondo e intentando tomar aire de donde casi no había, llegamos y era parada obligada para descansar unos minutos y sacar unas lindas fotos antes de seguir. Estábamos en lo más alto del camino Tilcara-Calilegua. Sin prisa, pero parecido al dicho, previo a una pequeña pausa, seguimos a delante, sabiendo que nos quedaban aún muchas horas de caminata, muchas horas de luz, pero al mismo tiempo, muchas horas a pleno sol. Luego de sortear la cruz caímos en una planicie, un gran valle con río y todo, nos llevó aproximadamente una hora más sortearlo, tal vez más, juro que no había sombra ni metiéndonos debajo de las piedras, estábamos en pleno mediodía, en lo más alto del camino, y en una planicie, no había más cosas que podían exigirnos más, o si, bueno, sí, se nos rompieron dos de las tres mochilas de hidratación que teníamos, o sea, empezaron a sonar las alarmas. Conscientes de que aún quedaban entre tres y cinco horas de caminata, y que el agua era medio la justa, decidimos no parar a almorzar, dado que eso lo único que iba a hacer, que tengamos que exponernos más tiempo al sol, y comenzaba, si bien lejos del peligro, si a arriesgarnos un poco respecto a la hidratación. Llegamos prácticamente a cruzar todo ese valle de altura, cuando cruzando el cauce profundo de un río casi seco, y continuando el sendero entrando por el lado derecho de un abra nos metimos en la primera zona con un poco de sombra luego de cómo una hora de caminata sin parar. El relieve de la senda cambio por completo, y comenzó a hacerse más y más rocoso, llevándonos de una ladera a la otra, zigzagueando y haciéndonos paso por donde las piedras nos dejara, llegando a una de las bifurcaciones que confunden por falta de marcación la senda a Huaira Huasi. Pero hablando y sacando conclusiones entre los tres, fuimos definiendo el destino de nuestro camino, si algo le tengo que agradecer al ser supremo que elija cada uno, es el hecho de haber viajado con Ale y Gaby, fundamental respecto a todo aspecto compartir esto con ellos. Ya bastante cansados, seguíamos los pocos datos que teníamos en un papel, como para poder ir haciéndonos paso, ya llevábamos como siete horas desde aquel techo rojo donde habíamos iniciado, el calor no aflojaba, y la montaña comenzó a ponerse confusa, en conjunción con el desgaste físico que hace que uno, tal vez, no vea ni piense con total claridad. Seguimos una picada luego de cruzar nuevamente aquel río rocoso que nos llevó a un piso mucho más arcilloso de color rojizo, mis cálculos, por cierto confusos, me decían que estábamos por llegar al refugio. Caminábamos y caminábamos, viendo uno y otro puesto de veranada, pero ninguno tenía las características de aquel Huaira Huasi, ya con ocho horas de mochila sobre los hombros, sin almorzar, y sin encontrar a absolutamente nadie en todo el camino, lo que era un simple ruidito sobre los oídos, comenzaba a silbar más y más fuerte convirtiéndose en preocupación. Seguíamos sobre el piso rojizo de la ladera de la montaña, zigzagueando de aquí para allá, sin parar de avanzar, pero sin tener datos que nos dejen tranquilos, si bien el camino tendía a bajar, lo cual era lógico, el refugio no iba a quedar sobre la ladera, pasaba la novena hora y seguíamos sin encontrarlo. Y en una de esas panorámicas gigantes que solo da la montaña, vimos a lo lejos algo que se movía, si, indudable, es una persona, le grite de una ladera hacia la otra, lejísimo estaba, casi invisible, pero por suerte me escucho, y pudo entender lo que claramente le decía, solo le repetía el nombre del refugio, y simplemente con un movimiento de brazos, me mostro que el sendero era el correcto, y que aún faltaba un poco. Pese a la mala noticia de que aún faltaba, se nos llenó de aire, por no decir de calma, el cuerpo, volvíamos a caminar sobre firme, el camino que habíamos elegido era el correcto, seguimos por el sendero, vuelta tras vuelta, las botellas de agua casi vacías, solo esperábamos el refugio, como caminante del desierto el oasis. Y luego de una curva bien bien aguda, vimos los tres árboles que cercan la casa. Llegamos a Huaira Huasi, luego de diez horas durísimas de caminar prácticamente en medio de la nada, abajo del sol, sin agua, y con muchas dudas sobre cómo íbamos a recuperar el físico para seguir el día siguiente, pero la calma todo lo pudo, estamos donde debíamos. Estamos en lo de Inka Mari. Y así, luego de que nos hicieran saber, tal vez no de la mejor forma, pero bueno, son cosas menores, que no se podía sacar fotos en el lugar, terminamos arreglando con Mari para que nos abra el refugio, y nos asegure un plato de comida para la cena. Abrió la puerta de la habitación y no lo podíamos creer, era como el paraíso luego de 10 horas de puro sol, teníamos todo, camas cómodas, mesa, silla, todo lo necesario como para lograr comer y descansar bien para salir al otro día. Y en medio de la noche cerrada, apareció Mari con una olla carbonizada de la cocción a puro fuego de leño ardiente. Abrió la tapa y ya automáticamente sabíamos que era un éxito, trajo un guiso de fideos con verdura y carne, que levantaba hasta a los muertos. Panza llena, corazón contento, ahora a dormir, mañana es un día más tranquilo, pero tampoco para arrancarlo mal dormidos. Y así amaneció, unas galles con café y a arrancar, los colores eran otros, al cambiar el sol de lugar, en comparación con el de la llegada, todo se pintaba de colores distintos, era como un nuevo paisaje. Preguntamos cómo salir de Huaira Huasi hacia el camino a Molulo, nos despedimos con muchísima gratitud por el buen hospedaje recibido, y a meterle pisada, que nos separan unas cuantas horas del próximo destino. Y ahí nomás mochila al hombro, dos palabras entre nosotros, y de ahí en más, a meterle duro. Nuestro siguiente primer punto, era llegar a un abra que nos iba a cambiar de valle al cruzarlo, pero antes teníamos un camino de una hora, no muy muy dura, pero si absolutamente toda en subida sobre la ladera de enfrente de la caminata del día anterior. O sea, todo lo que bajamos para llegar al refugio, ahora lo teníamos que subir, pero del lado de enfrente. Paramos varias veces para tomar aire, y ya que estábamos, también para hacer una y otra postal de lo que estábamos viendo, porque no era ni más ni menos que eso, una y mil postales. Llegamos al abra y realmente la vista cambiaba y mucho, si bien el piso seguía bastante rojizo, ya sobre lo lejos se empezaba a ver un poco más de verde. Paramos un rato a descansar en el abra, aprovechando realmente lo bello del lugar, nos hidratamos, comimos unas frutas y a darle nuevamente. Ladera tras ladera, el sendero se afinaba más y más, y nuestra emoción acompañaba a cada paso la gran llegada a Molulo, a la espera de poder compartir un rato con los chicos de la Escuelita, a por si no lo comente antes, les cuento, Molulo es una escuelita en el medio de la montaña, donde van chicos a estudiar, alguno de ellos están doce horas a pura mula para poder llegar, es una escuela refugio, donde los chicos están 20 días viviendo y estudiando ahí, y después vuelven y pasan diez días en su casa. Un lugar de esos que uno ni se imagina que existan en el país. Luego de salir del abra, sabíamos que teníamos un par de puntos que cruzar, pero poco representativos, la única real referencia que teníamos era el cementerio (campos verdes), llegando a Molulo. Ya habiendo pasado un lugar que se llama laguna roja o algo así, la cual estaba absolutamente seca, comenzamos una trepadita pequeña, cayendo luego a una explanada, dándonos nuevamente un valle hermoso de un paisaje absolutamente distinto, encontramos un lugar muy bueno para parar a almorzar, ya llevábamos algo así como tres horas de caminata, así que suponíamos que estábamos a mitad de camino, lata en mano, tenedor en otra, este día si se almuerza. De pronto por la parte alta de uno de los cerros que nos circundaba, vemos llegar a dos chicos en caballo con un montón de burros que traían desde la montaña, era muy alto por donde pasaron, a lo que nosotros tragando saliva, les preguntamos, si el camino a Molulo, era por el que ellos estaban bajando, a lo que nos dijeron que si, automáticamente creo que el atún que estaba comiendo me cayo pesado como si fuera un pedazo de sandía con vino. Y bueno, dejemos la relajación del almuerzo y metámosle pata que hay que subir. En plena subida, nos cruzamos con Demesio, hermano o algo así, de Inka Mari, el cual se puso muy contento al comentarle lo bien que la habíamos pasado en Huaira Huasi, y nos comentó que nos faltaban un poco más de dos horas para llegar a Molulo. Así que seguimos subiendo, hasta llegar al paso, y comenzar otro zigzag sobre una nueva ladera. La verdad que si bien en este momento el cansancio referente no al día este puntualmente, sino al recorrido sumado de los dos días, empezaba a aparecer, lo bueno, que a lo que dejaba ver el horizonte, nos tocaba una explanada prácticamente plana por un rato largo, y así fue, hicimos como una hora de ladera prácticamente plana, lo cual ayudo bastante a las piernas a que descansen. Si bien la mochila sigue pesando los 20 kilos, casi uno ya la siente como parte de sí. Y así al rato de pasar por un sendero que hacia paso por sobre ambas laderas, o sea, caminabas por un camino más o menos de dos metros de ancho, y después caía de ambos lados a los valles que lo rodeaban, vimos a lo lejos un toro, pero de tamaño dúplex para 4 personas, jajaja, la verdad era grande enserio. El cual al vernos ni atino a correrse, pero a medida que nos acercábamos, con bastantes dudas, si hay momento de ser cobardes, este era el indicado, se fue corriendo de a poco, y al avanzar unos cien metros más, nos dimos cuenta que tras el toro, estaba el cementerio de Molulo, ya metimos otro punto de referencia más. El aire junto con la sonrisa nos llegó nuevamente al cuerpo, toro correte que tenemos que seguir. Una vez cruzado en cementerio, lugar que aprovechamos para parar un toque e hidratarnos, vi que había como una lengua que daba visión mayor al valle, y ahí apareció, los techos de la escuelita estaban casi al alcance de la mano, así que le dije a los chicos, che se terminó el descanso, estamos acá nomas. Lo único que si me preocupo un poco, es que no se veía movimiento alguno. Estaría cerrada?, los chicos no estaban?, donde y como dormiríamos en ese caso?. Así que basta de preguntas y a seguir el sendero que nos lleva hasta la puertita de rejas que nos da la entrada al colegio/albergue. Y ahí una vez que pudimos enfocar desde más cerca la visión, vimos que los que estaban dentro del colegio eran como más grandotes que simples chicos de primaria, y también empezamos a notar que todos tenían una vestimenta muy parecida, y si algo no hay en estas latitudes, es un colegio privado, así que entre risas y desesperación por llegar, nos íbamos preguntando más y más pavadas, hasta que llegamos a entender exactamente quienes eran los que estaban en la escuelita. Y si pasar un rato con los chicos hubiese sido increíble, la experiencia de estar una tarde entera con los soldados de nuestro ejército, quienes con sus manos estaban construyendo los pisos donde esos chicos iban a caminar dentro de su escuelita, eso sí que no tuvo precio. Y así fue, era toda una cuadrilla de soldados, que no se puede decir de otro modo, estaban haciendo Patria, por y para los chicos. Así que uno de ellos se acercó y nos consultó que necesitábamos, y lo único que se nos vino a la cabeza, por más que la caminata no fue tan larga, fue pedirles un lugar para pasar la noche, y así seguir al otro día hacia San Lucas, el cual sería nuestro tercer punto. Poco tardaron para liberarnos una de las aulas, para que podamos tirar nuestros aislantes, y hasta nos consiguieron un rollo de lo que se usa de aislante térmico para los techos, para que lo usemos de complemento a las colchonetas y podamos dormir más cómodos. Hasta ahí era todo perfecto, leer el pizarrón con los mensajes de agradecimiento de los chicos hacia los soldados también era un tema de gran emoción. Estar ahí compartiendo con mis dos amigos era de gran emoción, ver a los soldados de todas las edades, ellos que ya no están obligados a estar ahí, ellos que eligen hacer patria, verlos trabajar para nuestro pueblo, eso también daba mucha emoción. Una vez cambiados y con ropa fresca le pedimos al cocinero si nos calentaba un poco de agua, en realidad por medio del teniente, que desde un principio la verdad que nos hizo sentir uno más de ellos, y nos trató de maravilla, así que ahora, a mirar un poco el horizonte, disfrutando unos merecidísimos mates. Pero cuando ya todo parecía perfecto, volvimos a entrar al predio de la escuelita, y se me acerca un soldado, sonriendo y me dice, “che te prendes a un picadito”, entendí bien?, me estaba invitando a jugar al futbol, soldados contra albañiles, en la canchita que jugaban los chicos de la escuelita, a 3000msnm mas o menos, enserio me está pasando esto, no lo podía creer, era algo único, realmente de las cosas que no voy a olvidar jamás, y sin siquiera dudarlo un segundo, por más cansado que este, por más arriesgado (como me planteo Ale) que seria, teniendo en cuenta que al otro día había que caminar unas ocho horas, le respondí “por supuesto que juego”. Es de esas cosas que tal vez te pasen una vez en la vida. Así que con las alpargatas así nomás como estaba, contra las zapatillas de los albañiles y los borsegos de los soldados, me metí a patear la pelota, y me di cuenta que todo lo que dicen los deportistas sobre la altura es verdad, casi no podía respirar, jajaja. Ya terminando el partido fue cayendo la noche, y veíamos que la comida de los soldados estaba media contada, que no había modo de pedir que nadie nos cocine nada con en Huaira Huasi y el gran guiso de Inka Mari, así que, esta noche, un par de latitas compartidas, una sopa, alguna galletita dulce de postre, y a dormir, mañana va a ser un gran día. Difícil que mejore la experiencia de Molulo. Y ya desde temprano nos enteramos que tal cual lo que pensábamos, no iba a ser un día tan disfrutable como el anterior, si bien sabíamos que sería un camino más ameno desde las dificultades de esfuerzo físico, también sabíamos que era un día de más o menos ocho horas de caminata, lo que si no sabíamos e hizo que de pronto el día arranque complicado, es que amanecimos dentro de una nube y con llovizna. Una vez más el teniente se acercó a nosotros para ver si necesitábamos algo, la verdad que fue un genio en todo sentido, y aprovechamos su oferta para pedirle, teniendo en cuenta la poca visibilidad, si nos podía indicar por donde salía el sendero hacia San Lucas, ni un minuto tardo en llamar a uno de los soldados, para pedirle que nos acompañe hasta encaminarnos en el sendero, si si, bajo la mismísima lluvia, imaginen el honor que fue para nosotros que nos indique el camino de salida de Molulo, a punto de salir, ya con las mochilas sobre los hombros, otros dos soldados se acercaron al teniente para solicitar el permiso también de acompañarnos, ya no hasta el sendero, sino hasta el abra. No lo podíamos creer, los tres soldados estaban, por más lloviendo que estaba, contentos de acompañar a tres locos viajeros en medio de la nada misma. Y así fue, saludo sentido y agradecido a todo el grupo de soldados y albañiles que ayudaban a nuestros chicos, construyendo con sus manos, su lugar de estudio, y a caminar, que un largo día, bajo el agua, nos tocaba hasta San Lucas. El comienzo se hizo fácil, los soldados fueron marcando el camino, y nosotros el ritmo, solo entre las nubes lo que nos tocaba hacer era prestarle atención al difuso paisaje, y disfrutar de lo que nos estaba pasando, así que en una media hora llegamos al abra, lugar donde los soldados volverían, y nosotros seguiríamos trazando con nuestras pisadas el camino hacia el destino del día. Comenzamos a descender un poco, entre curva y curva y le dimos duro por unos cuarenta minutos de caminata, hasta llegar a una casa, ahí un pequeño alerta, supuse que sin sentido, comenzó a taladrarme la cabeza, pero creí que era una más de todas esas alarmas que se cruzan cuando uno está en un lugar que no conoce. Cuál era el alerta, que en ningún lugar figuraba en la guía que teníamos, que existiese el cruce de una casa, llamamos, golpeamos, gritamos, hicimos todo, para ver si alguien nos atendía, mas allá de los perros que no paraban de ladrar, en el medio de aquel balcón montañoso donde estaba la construcción. Y nada, nada de nada, no salía nadie, caminamos un poco más y el sendero desapareció, agarramos por otro lado y nuevamente el sendero desaparece en un acantilado, o sea, ya las alarmas se convirtieron en fuertes sirenas. Ahí nomás decidimos encender el localizador que teníamos de respaldo apagado en una de las mochilas, y confirmamos lo que suponíamos, llevábamos perdidos, prácticamente media hora, así que sin prisa, pero con pisada firme, volvimos sobre nuestros pasos, para ver en qué momento el camino nos confundió, como para que tomemos mal la decisión de seguirlo. Luego de caminar por veinte minutos, trazo que no existió mayor parada que la de ver el localizador, cero descanso, cero hidratación, solo localizador, nube y lluvia, encontramos el lugar donde nos habíamos separado de los soldados, y comenzamos a evaluar el tema de volver a Molulo o intentar seguir con la idea de San Lucas, pese a ya más de una hora de retraso por el extravío, y sabiendo que era un día larguísimo. Pero a los pocos minutos los tres nos pusimos de acuerdo (fundamental que el grupo funcione solido) en que esa noche dormiríamos en San Lucas. Así que encaramos nuevamente la bajada, paso a paso y con mucha atención, hasta que encontramos la zona confusa, y ahí nomás nos guiamos, y volvió la tranquilidad. Tranquilidad que de a poco se fue yendo, pero no tanto por el camino, sino por el frio, la nube no levantaba, la lluvia se ponía más copiosa, y con el tema de sacarnos y ponernos los guantes para chequear el localizador, ya teníamos las manos congeladas y los guantes todos mojados, así que estábamos pasando muchísimo frio, no sabíamos ni qué hacer con las manos todas entumecidas y el sol seguía sin aparecer, ya pasando el mediodía el frio no aflojaba, revoleábamos las manos como nene con ganas de ir al baño, y nada, seguían congeladas, pero bueno, mucho más para hacer no había, así que a seguir caminando. Pese a la poca visibilidad que teníamos, realmente era precioso todo el camino, y al mismo tiempo agradecíamos en cierto modo que estuviera tan nublado, porque imaginábamos que de no ser así nos calcinaríamos, pero bueno, la situación era totalmente al revés. Seguimos caminando con el fantasma de habernos perdido en el inicio, así que lo único que esperábamos con ansias era llegar a alguna de las referencias que nos indicaba la ruta, y ahí lo vimos, una vez más, como salido de un cuento de terror, lo más parecido a la mezcla de cementerio de animales y thriller de MJ, llegamos a un cementerio en medio de la nube, una imagen que realmente no me voy a sacar de la cabeza jamás, pero agradecido de haberlo encontrado, porque era referencia exacta que el camino era el correcto, una vez que lo rodeamos y seguimos el sendero, entramos en una arboleda, donde el agua no pasaba tanto, así que aprovechamos para parar un poco a hidratarnos, comer y descansar por unos quince minutos, antes de encarar la segunda parte del camino. Recuerdo claramente que entre la maleza, logro escurrir un gotón de agua congelada, el cual hizo que de pronto encienda nuevamente el motor para seguir, luego de un sacudonazo al mejor estilo de perro mojado, así que cargamos las mochilas y a seguir. Había un camino sobre nuestra derecha que en principio nos seducía a agarrarlo, pero una vez más lo evaluamos entre los tres y decidimos seguir sobre la senda menos marcada, pero notoria que era por donde veníamos, y por suerte esta vez fue la correcta. Caminamos aproximadamente por una hora más dentro de la nube que nos tenía a maltraer desde Molulo, por un sendero muy barroso de una tierra colorada que patinaba más que jabón en la ducha, pero de a poco la visibilidad fue mejorando, y en el medio de la nada misma, vimos cómo se acercaban al camino unas vacas, y más a delante unos caballos, sin duda, la lluvia había parado, y las nubes de a poco se iban a ir yendo, y así fue, los animales difícil se equivoquen, solo quedaba en el cielo un pequeño sector de nubes, y el febo saliendo a pleno para comenzar a secarnos en cámara lenta. Toda esa pared de nubes que limitaba nuestro paisaje casi a divisar la mochila de quien iba a delante, se transformó de pronto en una inmensidad de árboles y valles imposibles de explicar, el horizonte pasó a ser el mismísimo todo. Recuerdo una pequeña senda que agarramos la cual nos llevó a una especie de lengua entre medio de dos valles en la cual prácticamente estábamos rodeados de acantilado, salvo el poco piso donde estábamos parados, un lugar precioso. Habremos seguido camino ya no tan cansador por una hora más, hasta llegar al fondo de uno de esos valles, donde cruzamos un corral lleno de cabras, lo cual nos causó muchísima gracia, porque había dos a meta cornasos limpios, paramos un poco a tomar agua, sacar unas fotos, y leer sobre lo que seguía, ya que veíamos que el camino encaraba un zigzag bastante pronunciado hacia arriba. Tal cual lo que veíamos, estaba bien clarito en el escrito, decía, una vez que llegas al valle, comienza una subida sin descanso de unos cuarenta minutos, yo cambiaria un poco las palabras, no era una subida sin descanso, sino una subida híper cansadora, jajaja, la verdad que tal cual decía el papel, fueron cuarenta minutos de un desgaste tremendo, no solo por la pendiente del camino, sino por lo patinozo que estaba esa tierra roja, casi arcilla, después de todo un día de nube y lluvia. Era como caminar en rollers. Una vez que llegamos a la parte más alta, nos encontramos con un portón de hierro, el cual delimita la zona de San Lucas, lo cual nos trajo mucho más aire, ya solo quedan bajadas hasta la localidad, la más grande desde que dejamos Tilcara, y seguramente la más sencilla de encontrar, o por lo menos eso creíamos. Una vez que comenzamos a bajar, ahí nomás al poco rato, ya comenzamos a ver algunas construcciones a lo lejos, las cuales paso a paso se acercaban y nos daban más ganas de llegar, las cuales entre vuelta y vuelta del camino, veíamos que no alcanzábamos, era raro, como que no parábamos de acercarnos, pero no llegábamos nunca, y todo ese camino de bajada, curva tras curva, entre ramas y raíces, comenzó a ser bastante tedioso, y un poco desgastante para las rodillas y los tobillos, los cuales ya llevaban para ese momento, 3 días de trekking y unas 24 horas acumuladas de caminos diversos. Pero a no bajar la cabeza, según los escritos, el lugar para refugiarnos sería la primera casa del poblado que aparezca, y allí vamos, vamos a lo de Doña Ramona. Y tal cual la descripción, ahí estaba, la primera casa, con unas galerías, un cobijo para el secado de cueros, y al fondo del cerco la casa principal. Claramente era el lugar para quedarnos, aun sobre las alturas, ya que se veía el resto de los caseríos aún más abajo, lo cual nos daba una vista preciosa. Y ahí nomás arrancamos con los aplausos para que Ramona al mejor estilo artista principal del día, pase la puerta de madera y nos de las buenas tardes. Cosa que jamás paso, que solo imaginamos en nuestras mentes agotadas de un día duro y diverso. Si perdernos había sido un problema, que no esté Doña Ramona para hospedarnos, ya hablaba de cosas más serias, así que decidimos seguir camino hacia el resto de las casa, a ver dónde íbamos a resolver dormir. Con un poco de aire, esa que te da el físico cuando un problema aparece, sacando fuerzas de donde ya no había, fuimos pasando de casa en casa, golpeando las manos, llamando a pleno grito, tocando campanas, y nada, era algo muy extraño, ninguna de las casa estaba ocupada, una desolación absoluta, ya pasadas las siete de la tarde, y sin donde poder dormir, seguimos bajando hasta llegar a un colegio, luego de vivir lo de Molulo supusimos que nuestra mala suerte se terminaría en ese mismo lugar, pero recibimos otra negativa, pero si nos fuimos con data bajo el brazo, nos dijeron, chicos, vayan a lo de Doña Teresa, son tres casas después del centro de salud. Un éxito, Teresa se llamaba mi bisabuela, sin duda era una señal, jajaja, y ahí le metimos, contábamos los pasos yo creo que para mirar para el piso y evitar ver como se venía la noche sobre nosotros, y así paso a paso llegamos a lo de Teresa, comenzamos con las palmas, y los llamados, y no me van a creer, pero nadie respondía, ya las cosas se ponían serias, a lo que le digo a los chicos, hagamos una cosa, dejo la mochila acá con ustedes, esperen a ver si aparece Teresa y yo sigo cuesta abajo a ver si alguna de las casa tiene a alguien para refugiarnos, incluso a lo lejos se veía la iglesia del pueblo, lo cual en cierta forma dentro de la desesperación, me daba algo de tranquilidad. Así que comencé a caminar por la única senda que había, y casa tras casa encontraba solo desolación, llegue a la cancha de futbol, la cual me brindo una de las imágenes más extrañas que vi en mi vida, sobre el fondo de la cancha de once, se veía la iglesia, sobre el lateral derecho, todo lo que a simple vista era el club, con las parrillas, los vestuarios, y demases, en el medio de la cancha, algo que parecía como un arbolito recién plantado, y en el lateral izquierdo, ahí pegadito, pero muy pegadito a la cancha, el cementerio, si, así como lo leen, pero nada, no había tiempo de muchísimas fotos, ya entregado, camine hacia la iglesia, que loco lo que voy a escribir, en busca de un salvador, que nos de alojamiento. Lo increíble, es que encontré de igual modo al resto del pueblo, una iglesia vacía, sin nadie. Ya la preocupación tocaba todas las campanadas de mi cerebro, volví a paso ligero hacia lo de Doña Teresa, a ver si de casualidad alguien había aparecido, pero al ver a los chicos tirados contra la tranquera, me di cuenta que la respuesta era negativa, así que solo quedaba una posibilidad, vuelvo a la escuela, único lugar donde al menos vi gente, y planteo la situación, ya eran más de las ocho y seguíamos en veremos. Ahí sacándole un poco más de charla, me comentan que era el día de todos los santos, y que no había nadie en ninguna casa, porque se juntan todos los del pueblo a festejar en la casa de quien organiza las ofrendas. Ahí recién todo empezaba a tener algo de sentido, pero así y todo, seguíamos sin poder alojarnos, siguiendo la conversación, me comenta que ella había venido desde San Francisco ese mismo día con Doña Ramona, y que me quede tranquilo que ella estaba en el pueblo, que era una mujer muy muy grande, y que en algún momento llegaría a la casa, también me comento que si Teresa no estaba, seguramente fuese porque estaba en el campo con los animales, y también hablando de la iglesia y la desesperación por alojarme en algún lado, me comento que estaba abierta, que no había nadie, y que si no me quedaba opción, que me meta tranquilo a pasar la noche. Volví a lo de Teresa donde estaban Ale y Gaby, y plantee todas las opciones charladas, y como siempre comenzamos entre los tres a decidir como seguiría el tema, y apostando a un mejor refugio, ya a las ocho y media, decidimos confiar en la llegada de Doña Ramona, y comenzamos nuevamente a subir sobre nuestros pasos. Luego de unos quince minutos estábamos nuevamente como al principio, el frio de la noche caía, y seguíamos sin solucionar. Las linternas sobre el valle comenzaban a mostrar cierto movimiento, era la gente volviendo de aquella celebración, pero nadie siguió camino hacia donde estábamos, esperamos una hora, y nada, ya con la completa oscuridad, las ideas se nos fueron complicando, bajo presión como que empezamos a buscar ciertas opciones, las cuales rozaban más el vandalismo que la solución de un techo, así que en un segundo de lucidez, nos juntamos los tres y nos convencimos que pese a que implicaba aún más esfuerzo, volvamos al pueblo, y nos metiéramos a pasar la noche en la iglesia. Así que mochila nuevamente al hombro, con lo que queda de físico, vamos a buscar un techo, y así con las linternas en la frente, y zigzagueando sobre el único camino del pueblo, nuevamente por segunda vez, caminemos sobre lo pisado, y en una de esas, en el medio de oscuridad, vimos venir una linterna, seria Ramona, por favor no, eso nos llevaría a subir nuevamente, ya no queríamos más vueltas, pero no, era una familia que volvía a su casa, saludamos, y casi cuando estaban pasándonos, se me ocurrió preguntarles sin vergüenza, disculpen, necesitamos hospedaje, saben de alguien, y su respuesta, sin dudar ni un segundo, fue, si chicos, vayan de Doña Teresa, medio ofuscado, le respondo, pero en lo de Teresa no hay nadie, a lo que me dice, si hay gente, Teresa está en el campo, pero esta mi tío, lo acabo de ver. Como volantazo de la vida, sentimos que la suerte nos había encontrado en el medio de la oscuridad, dejo por unos minutos a su familia en el medio de una roca, y linterna en mano, comenzó a hacernos de guía hasta lo de su tío, y dicho y hecho, la ilusión de un techo y una cama se veían al final de túnel. Luego de tocar a la puerta y llamar al tío varias veces, y no encontrar señales de vida, decidió abrir la puerta, y despertarlo a los gritos, al ritmo de Tío tenés turistas. Y ahí a paso tranquilo dejando la radio a un costado, vino y se presentó, buenas noches muchachos, soy Isaac, y lo siguiente que nos dijo al ver la mochila fue, armen la carpa en el patio donde quieran. Un momento que soy lento, como la carpa, y ahí le dijimos, no Isaac, estamos en busca de una cama, no trasladamos carpas, usted no tiene una habitación. Y gracias a todos los pitufos que viven en San Lucas, la respuesta fue positiva, nos dijo, como los vi con las mochilas grandes creí que acampaban, si tengo para que pasen la noche, vengan por acá. Y nos abrió una habitación con 3 camas gigantes, sentíamos que estábamos realmente en el paraíso (pongo pausa un segundo para decirles que San Lucas es un paraíso realmente, pero eso nos lo enteramos al día siguiente), y ni lerdos ni perezosos, dijimos no hay dos sin tres, Isaac usted podrá hacernos algo de comer, por supuesto cobrándonos, y ahí con una sonrisa pícara nos miró y nos dijo, no chicos, acá la que cocina es Teresa, y ella hoy no viene. Así que bueno, nos tocaba otra noche de enlatados, ya el sodio de las conservas era parte de nuestro cuerpo, nos habíamos convertido en ases del abre latas. Pero no nos rendimos, y le preguntamos si al menos no nos podía calentar una buena pava de agua, como para que podamos hacer una sopa, y su respuesta fue, agua no se le niega a nadie, ustedes pónganse cómodos que yo ahora les traigo agua para la sopa. Cerramos la puerta de la habitación, nos miramos los tres y yo creo que ese segundo de silencio acompañado por una sonrisa pícara, lo único que nos traía era el recuerdo de haber empezado el día en una nube, el cansancio absoluto que traíamos, el no poder encontrar donde pasar la noche, y que de pronto en un minuto absolutamente todo se resolvía aun con mejores expectativas de la imaginación misma. Mientras los chicos desensillaban su equipo, se me dio por salir a caminar por el parque de Isaac, y paso por la puerta entreabierta de una habitación que quedaba casi lindera a donde nosotros íbamos a dormir, y ahí lo veo, y veo una de las imágenes que más tengo en mi cabeza de todo el viaje, y la cual me llevo a sacar una de las mejores fotos de experiencias de trekking vividas hasta hoy, en la habitación estaba el fogón, con una parrilla, y sobre ella una pava gigante absolutamente carbonizada, e Isaac metiendo leña al fuego una tras otra, como preocupado de que no nos pueda calentar el agua rapidísimo. A lo que solo una cosa se me vino a la cabeza, ir para la habitación y decirle a los chicos que teníamos que ir al fogón, desde un principio sabía que iba a ser una experiencia única. Y tal cual, nos pusimos a charlar con Isaac sobre muchísimas cosas, solo a la luz del mismo fuego que estaba calentando el agua para nuestra sopa, abrimos un par de latas, compartimos la comida, y no paramos de asombrarnos de cada palabra que salía de su boca, en un momento nos dice, esperen un poquito que ya vengo, se fue entre la puerta de madera y la oscuridad absoluta de su patio, y a los 5 minutos apareció, en sus manos traía el pan de las ofrendas, ese que se había traído de la festividad, para compartirlo con los suyos, el los trajo para que nosotros comiéramos algo sólido junto con la sopa, y ahí sí, piel de gallina absoluta, nos quedamos como dos horas hablando, va, más escuchando que hablando, íbamos pasando de asombro a carcajadas, realmente fue un momento único, en un lugar único, con una persona increíble, compartiendo todo con tres amigos, no había más nada que pedir, todo era increíble. Ya pasada la hora en que la carroza se hace calabaza, aun con el leño a pleno arder, decidimos que era un buen momento para ir a descansar. Está todo muy lindo, y estaría buenísimo seguirla, pero mañana nos tocan otras cuatro horas de caminata, para ir dándole fin al recorrido. Nos acostamos y al poco tiempo ya no se escuchaba absolutamente nada, creo que no llegue ni a escuchar la respiración de los chicos, estaba realmente liquidado. A la mañana el sol entre las rendijas de la ventana nos fue despabilando, y realmente sintiéndonos muy bien descansados, nos levantamos a desayunar, nuevamente le pedimos a Isaac si nos calentaba el agua para hacernos un café, y nos responde, ya está caliente, tráiganse la pava con un trapo así no se queman, un genio total, nos sentamos los tres y no pasaron ni cinco minutos, que vino con más pan de las ofrendas para que desayunemos con algo más que un simple café, y nos dijo, chicos vuelvo en quince minutos, no se me vayan, y ahí cruzo la tranquera y nos dejó desayunando en la galería de la casa, un lugar hermoso, la claridad del día pinto el valle de verde, ilumino las montañas, y nos llevó la vista a un lugar realmente paradisiaco de nuestro norte. Y de pronto, vemos pasar una sombra enorme en medio del parque, y ya la imaginábamos, teníamos sobre nuestra cabeza una pareja de cóndores revoloteando, haciendo círculos gigantes entre la casa de Doña Teresa y el valle que llegaba prácticamente hasta donde nuestros ojos daban. No exagero, pero habremos estado no menos de media hora contemplándolos. Ya las sonrisas cómplices y picaras de todo lo que nos estaba pasando hablaban por si solas. Una vez preparado casi todo el equipo volvió Isaac, en su mano derecha, una botella de coca cola con un líquido medio blancuzco, nos encara y nos dice, chicos, les traje la Chicha como les prometí anoche. Un genio, nos trajo dos litros de chicha para que la probemos (el que no sabe que es, es una bebida alcohólica, que sale de la fermentación del maíz, es una bebida típica del norte, que las consumían nuestros originarios). Isaac realmente era un genio, convirtió una noche que venía para sufrirla, en un sueño hecho realidad. Pero bueno, como sueños sueños son, nos toca despertar, calzarnos las mochilas y seguir, si todo está bien, esta noche dormimos en Tilcara. -Y con un fuerte abrazo a Isaac, demostrando la gratitud y alegría que teníamos para con él de haberlo cruzado en nuestro camino, arrancamos los motores para nuestro cuarto día de caminata, según sabíamos más corto, pero eso no quiere decir que fuese más sencillo, y teníamos un tema más a tener en cuenta, el colectivo pasa a las cinco de la tarde, no nos podemos atrasar. Nuestras botas forjaban una impronta en el piso rojo arcilloso en la que se veía claramente la dificultad que nos iba a traer el día, pero nada nos sacaba la sonrisa de la cara, último día, logro a la vuelta de la esquina, y una experiencia desde el mismo momento que bajamos del remis que difícilmente volvamos a vivir. El camino seguía la tendencia del final del día anterior, era absolutamente en pendiente descendente, lo cual si simplemente lo contamos, todos pensarían que es más sencillo que el ascenso, pero una vez que llevas las cosas a la práctica te das cuenta que no es tan así, los tobillos y las rodillas se repercuten muchísimo, la pisada es más inestable, lo que deja al alcance algunas lesiones articulares, y sentís que la mochila paso a paso te entierra más, como si fueras el palo de la sombrilla en la playa. Caminamos por más o menos una hora entre medio de la selva (yunga) bordeando por la ladera a un hermoso cañadón, íbamos de lado a lado, por un pequeño caminito, sin opciones de errar. La noche anterior una de las tantas historias que nos contó Isaac, fue que uno de sus caballos piso mal, y se desbarranco seguido de su muerte, y nos pidió que por favor prestemos atención de donde pisábamos, que él mismo había reconstruido la zona del derrumbe, formando una especie de puente con troncos en medio de una curva, y notoriamente ahí llegamos, vimos el puente, y sentimos en carne propia, lo padecido por Isaac al perder a su caballo. Seguíamos paso a paso por la balconada, por más fino que sea el camino, lo que si vale la pena decir, es que la pendiente era bastante llevadera, teníamos que ascender poquito, y al rato descender otro poquito, paro mayoritariamente era bastante plano. Lo que si en esta zona era medio sufrible, que los arboles no llegaban a darnos sombra, y el sol nos pegaba con todo, ya estábamos cocinados del lado izquierdo, si no nos dábamos vuelta, íbamos a terminar medios jugosos. Llegamos a una curva del camino bien marcada, y vimos que un rio aparecía cortando el camino, pero de donde salía el agua, si lo único que se veía era un terraplén gigante, y ahí estaba, una vez que terminamos de dar la vuelta, vimos una cascada que bailaba al ritmo del viento, el calor que estábamos pasando era muy compatible a que sin dudarlo, mochila al hombro y así como estaba, valiera el meterme bajo el agua, para sofocar un poco el calor. Un poco más adelante cruzamos otro salto con similares características, y un espejo de agua bastante más lindo y grande que el río que era formado por la anterior. Todo era según lo escrito, igual otro camino no había, así que el día respecto a eso era mucho más relajado, luego de más o menos dos horas de caminata, llegamos a una puerta de rejas, similar a la del día anterior, también hecho por Isaac, y era el punto de inicio de lo que ellos llaman Peña Baja, ahí si estábamos bien en medio de una especie de bosque, un recorrido súper relajado, con la sombra de altísimos árboles y un piso súper plano, y no tan polvoso, que hacía que las piernas en cierto modo por mas caminando que estaban descansen. Lo único que si nos traía cierta duda era lo que venía más adelante, ya que si estábamos en Peña Baja, y el colectivo nos levantaría por Peña Alta, sin duda alguna, íbamos a tener que subir, y la charla mirando la ladera del otro lado del río era, hasta donde, cuan alto pasa la ruta, ya luego de caminar por más o menos media hora por el bosque, se escuchaban ciertos ruidos clásicos de civilización, osea, se escuchaban pasar autos, no se veía por donde, pero ya se escuchaban. Lamentándonos porque ya se veía a la vuelta de la esquina el fin de tan precioso recorrido, decidimos tomarnos con calma lo que quedaba y sacar cuantas fotos se nos ocurrieran, al río, al bosque, a nosotros, a los arboles cactus, así llamamos a unos árboles raros, que no habíamos visto nunca, que en la zona de sus ramas salían como cactus, pero su base era bien de árbol, algo raro, al menos para nosotros. Seguíamos caminando y cada paso nos acercaba más a nivel del rio, y cada vez la Peña Alta se veía más alta, y estábamos con unas dos horas de rango, estábamos convencidos que ya casi lo teníamos, y ahí luego de un terraplén de bajada, vimos el puente para cruzar el río, y pasar a la ladera que sería el final del camino, saque el papel donde tenía la hoja de ruta, y leí que estaba todo perfecto lo que habíamos hecho, pero que una vez cruzado el puente, teníamos una pendiente desgastadora de unos cuarenta minutos. Eso ya no nos dejaba tan a la suerte el tema del rango de horario que traíamos, así que luego de descansar un poco en el puente y hacer un par de fotos, decidimos encarar la subida intentando parar lo menos posible, plan que por supuesto no pudimos llevar a cabo, la subida era durísima, tenía una pendiente muy fuerte, sumado a eso los tres días de desgaste que traíamos, en este instante se hacía sentir. Tuvimos que parar muchísimas veces, recuerdo que Ale nos dijo que encontró solo hacer una cuenta regresiva en su cabeza, para no perder la concentración y que la cabeza sufra aún más el desgaste físico. Todos teníamos nuestra técnica de concentración, las risas por un rato se dejaron de lado, y lo único que se comentaba en cada parada era, che esto es duro de verdad. Ya a esta altura del camino, del recorrido, las cosas pasaban más por actitud que por físico, a parte muchas opciones no había, paremos lo que tengamos que parar, pero lleguemos a las cinco, que se nos va el colectivo, pero bueno, por más paradas que tuvimos que hacer, hicimos la subida en el tiempo previsto, las mochilas las sentíamos llenas de adoquines, pero ya era hora de descargarla de los hombros, estábamos en la parada del colectivo, cargamos agua, nos refrescamos, y pusimos toda nuestra ropa mojadísima de transpiración a secarse. Una vez terminado con todo esto, nos sentamos tranquilos a comer los enlatados que nos quedaban. Respecto al viaje ya en transporte, vivimos en carne propia lo mal que viajan los pueblerinos de los diferentes sectores de la zona de las Yungas, los colectivos están destruidos, van llenos de personas abarrotadas, y todos manejan muy rápido en zonas que son notoriamente peligrosas, recuerdo que al menos luego de dos curvas distintas estuvimos a punto de chocar. Ya luego de un colectivo y dos micros, dejando atrás cuatro horas de caminata y seis horas viajando, llegamos al ansiado Tilcara, solo queda llegar al Hostel y descansar. Habíamos terminado, habíamos llegado al fin de un recorrido tan precioso como duro, habíamos vivido momentos tan desesperantes como hermosos, pero lo que si estaba fuera de toda balanza compensatoria eran las experiencias vividas, el sentir humano, los momento compartidos, y ante todo, desde lo sencillo, la simplicidad con la que nos entendimos los tres, desde el primer paso hasta el último. Fue realmente un viaje ÚNICO, y no puedo más que agradecer. Agradecer a los chicos de Mística Hostel, a Alexis que nos hizo de remis, a InkaMari en Huaira Huasi, a Todos los Soldados del Ejército que nos cruzamos en Molulo, a Isaac en San Lucas, y ante todo a Alejandro y Gabriel quienes fueron mis compañeros de viaje de principio a fin, haciendo que me sienta seguro, cómodo y alegre de que hayamos decidido hacer esto juntos.

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