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Ascenso al Volcán Lanin.[4/2/2016]

Una experiencia única. Diciembre 2015
Todo empezó con una mala noticia de los médicos diciéndome que tenía que dejar el deporte que amaba, que tenía que dejar de competir, y que con mucha preparación y esfuerzo, lo que podía llegar a hacer eran trekking, siempre que la rodilla no molestara, diciéndome que gente sin mi preparación física de años, con mi lesión, no podía siquiera caminar de los dolores. Y ahí empezó el capricho, el sueño, el esfuerzo y el llevar las cosas lo más al límite que mi espíritu pueda disfrutar. Ahí arrancamos con Satellital Flowers a darle forma a las cosas, y por suerte armamos un equipo bárbaro con la sumatoria primero de Ariel Plasencia y de Pablo Andrés Cohen, y por supuesto nuestro guía de montaña Luis deVolcanes Patagonicos. Todo fue en serio como un mismísimo sueño, que cada vez se hacía más real, en el momento que vimos el Volcán Lanin desde el avión, ahí todas las fichas caían de que estábamos a punto de arrancar con la locura, de que ya no había vuelta atrás, y de que estábamos por vivir algo único los 4. Llegamos a San Martin de los Andes y nos alojamos en el Hostel Puma Hostel, en el cual nos recibieron y trataron genial, sumamente recomendable. Lo mismo que la gente de Ascensos Al Volcan Lanin, que nos coordinó el ascenso. Y bueno, tocaba dormir, el día antes, como si eso fuera fácil, con la habitación hecha un caos, equipo de los 4 tirado por todos lados, mezclándose guantes con medias, y el reloj sonó, hay que levantarse, hoy es el día. Y entre bostezos y lagañas, conSatellital Flowers remoloneando, Ariel Plasencia quejándose de que no pudo dormir y Pablo Andrés Cohen levantándose inmediatamente como nene con chiche nuevo arranco el dialogo entre los 4. Y la primera pregunta es, che Luis vendrá a horario, ya la euforia en conjunto con la fruta del desayuno iba alimentando las energías para el día. Y ahí llego la chata de Luis, súper puntual, y llena de equipo, y ahí nomás tiramos las mochilas y a meterle ruta. Esa ruta que une San Martín con Junin de los Andes, no puede ser más linda, tiene todo aquello que un turista, fotógrafo o aventurero espera. La RN40 indudablemente es increíble. Y ahí llegamos a la bifurcación para meternos de pleno a la ruta que nos lleva al paso Tromen, donde en el puesto de Parques Nacionales, comenzaremos con el ascenso. Una vez que llegamos, mi queja fue siempre sobre que me pesaba la mochila, y ahí mismo vino Luis y me dijo, este es el equipo que tenes que agregar, osea, cacho, no entendiste mi queja, 5 kilos más nos metió, en mi cabeza lo único que se me cruzaba era ver de qué forma montaba una aerosilla para que la mochila suba sola. Pero bueno, vamos a la realidad, nos calzamos la mochila los 5 y a caminar. Por suerte la primera parte fue entre un precioso bosquesito casi casi llano, que nos sirvió a pleno para los primeros pasos, asimilación de la mochila y por supuesto primeros chistes entre el grupo. A los 15 o 20 minutos de arrancar salimos del bosque y las cosas se pusieron más complejas, estábamos ni más ni menos que a los mismísimos pies del Lanin, automáticamente se me vino a la cabeza la cara de The Mask cuando se convierte en lobo y se le cae la mandíbula. Todas las fichas estaban jugadas, y la primera complicación apareció, a la salida del bosque tuvimos que pasar por un arenal de material volcánico, si bien era playo, empezamos a caminar ya sobre piso súper inestable. Zona que termina justamente donde uno se monta sobre la Espina de Pescado, por la cual comienza propiamente dicho el ascenso. Acá sí que los chistes se terminaron, las charlas se fueron diluyendo y lo único que cada uno quería era que el sol nos deje de pegar un poco y que el ángulo de caminata frenara porque ya se empezaba a sentir la seriedad del tema. Llegamos al punto más alto de la espina y lo único que se escuchaba era la queja de Ariel Plasencia sobre el peso de los 5 bananas que trasladaba (alto lloriqueo), digo que es lo único que se escuchaba, porque la cara de Pablo Andrés Cohen era al mejor estilo Gaudio, que mal la estoy pasando, y Satellital Flowers tirado como un lagarto no podía ni juntar aire para hablar. Los 5 formamos una imagen muy divertida que me quedo clavada en la pupila. Una vez puesto en marcha los motores, nos tocaba enfrentar la primera situación diferente a la selva de cemento en la que vivimos, a caminar por nieve se ha dicho. Por supuesto las risas fueron apareciendo a medida que nos íbamos enterrando con mochila y todo, encontrando solo el fondo en el momento de apelmazamiento de la nieve. Todo muy divertido hasta más o menos la mitad de la cortada que teníamos que cruzar, cuando de pronto, desde el valle (algo para mi loquísimo) empezó a soplar un viento tremendo que nos peinó hasta los pelos de las orejas. Lo bueno de esto es que el viento venia de abajo para arriba, al menos era más difícil terminar en pleno ascenso descendiendo forzado al mejor estilo avalancha. Ya bastante sumergidos en pleno Volcán el mediodía nos iba asechando y junto con eso el calor, que se sumaba al cansancio, al viento y al seguir y seguir subiendo, lo que formaba un hermoso pájaro carpintero en la cabeza de cada uno de nosotros diciendo que hago acá. Imaginen el pájaro carpintero Gaudistico de Pablo Andrés Cohen, por poco y se materializaba para comérselo. Y ahí es donde el grupo empezó a ser importante. De la mano de Luis (Volcanes Patagonicos), con sus pausas y calma, y de nosotros 4 (Ariel Plasencia, Satellital Flowers, De Viajero A Viajero y Pablo Andrés Cohen) que empezamos a solo decir palabras de apoyo el uno al otro, y de coordinar la velocidad de la caminata como las esperas necesarias, todo empezó a mejorar, o al menos a ver el logro del primer día más cerca. Ahí mismo pasamos una lomada y nos encontramos con el primer grupo de refugios, donde había unos 4 domos y un refugio de gendarmería, bien de los de alta montaña (Refugio RIM26) ya estábamos a 2315msnm. Pero no era momento de relajarse, nuestro refugio era el CAJA y aún faltaba aproximadamente subir unos 300msnm más, lo cual nos iba a llevar aproximadamente 1 hora. A seguir con el relato se ha dicho. Ya con el Refugio RIM sobre nuestras espaldas la caminata sobre suelo firme cada vez iba siendo menos, la nieve se hacía dueña de nuestro piso, y los pasos debían ser cada vez más y más seguros, no solo por el hecho de resbalarnos, sino también porque ya veníamos con 5 horas de ascenso. En esta parte decidí quedarme como cierre del grupo, ya que por más que estaba muy cansado veía que iba a llegar sin drama a nuestra primer y ansiada parada. Y tal cual lo esperado, en un poco menos de lo previsto llegamos al Refugio CAJA. Como explicar para que se entienda lo que era el lugar, creo que la forma más sencilla seria decir que era una carpa canadiense, pero de chapa, en medio de la inmensidad del volcán. Pero para mí, en ese momento, bajo todo el día de sol, y con la idea fija en la cumbre, era una mismísima mansión. El dedo no coordinaba con la velocidad de imágenes que se me metían en las pupilas, imposible fotografiar las vistas y separarlas de los sentimientos, todo era emoción. Llegamos los 5, con las dificultades personales que fueron apareciendo, pero ninguna dificultad grupal, lo cual es importantísimo, ya que el apoyo del grupo es fundamental cuando las dudas en nuestras cabezas aparecen. El cielo no podía estar más azul, la cumbre de los andes las veíamos de arriba, el Lago Tromen embellecía el valle, y ahí estaba la cumbre del Lanin preciosa, blanca y el sueño casi casi a la mano. De pronto las cosas se empezaron a poner raras, eran eso de las 5 de la tarde, y el viento empezó a soplar aún más fuerte de lo que veníamos peleando, a medida que pasaban los minutos, también bajaba considerablemente la temperatura, y ya el tema de las fotitos en buzito a fuera del refugio empezaban a no disfrutarse tanto, Luis ni lerdo ni perezoso, prendió el mechero y arrancaron los mates, no tardamos más de 2 minutos en estar los 5 metidos a dentro del refugio ya para casi casi ni asomar la nariz. Entre mate, sopa, café y preparativo de equipo, al ritmo de las carcajadas que jamás faltaron iban pasando los minutos, y llegaron las 7pm, hora de arrancar con la cena, ya que nos teníamos que acostar tempranísimo, porque a las 2.30am iba a sonar el despertador para nuestro gran segundo día. Nos pusimos a cenar, unos fideos geniales con salsa de tomate y crema (mucho para donde estábamos jajajaja). Y de fondo una película increíble que nuestras cabezas imaginaban y la banda de sonido era el mismísimo viento, que se había puesto intratable. Ya no había ni sopa ni mate ni nada que logre luchar contra el frío. A eso de las 8 dimos de baja el día, y nos acostamos todos a ver que inventábamos para dormirnos. Lo cual fue una lucha dura para todos desde distintos aspectos. Y así fue, sonó el despertador, como le conté a todos, 2.30am está más para comer el helado del postre de la cena, que andar levantándose a desayunar. Pero bueno, el que avisa no traiciona, y nosotros sabíamos bien que nuestro gran día empezaba a esa hora. Y así fue, 2.30am empezó el murmullo en el refugio, recuerdo exacto como fuimos despabilándonos, estaba acostado al lado de Ale (Satellital Flowers), y nuestro primer cruce de palabras no fue muy alentador. Le pregunte si había dormido bien, y me respondió que el ruido del viento (vale aclarar, era insoportable mal), no lo había dejado pegar un ojo en toda la tarde/noche, a lo cual yo le respondí que me arrepentía terriblemente de no invertir en una bolsa de dormir mejor, porque el frío me había quitado al menos 3 horas de sueño en las cuales temblaba como una hoja, y el estado de nervios por la situación, tampoco había aportado a las piernas en absoluto. Entre la oscuridad del fondo del refugio vemos despertarse a Pablo Andrés Cohen, quien desde el día anterior ya había disidido que su ascenso llegaba solo hasta el refugio, lo cual, teniendo en cuenta el desgaste que él tuvo el primer día era más que meritorio, y aún más meritorio fue que se despierte esa madrugada y desayune con nosotros con palabras de apoyo para con el grupo. Y faltaba Ariel Plasencia, que se levantó más activo que el día que te vas de viaje de egresados, estaba como loco, y lo único que repetía era que si el cuádriceps no se le contracturaba ese día hacia cumbre seguro, ni la nariz había sacado del refugio y ya caminaba por las paredes tomando esos complementos raros con los que hizo todo el ascenso. Y ahí, con los 5 despiertos, pocas palabras de Luis, zorro con experiencia, sabiendo la que nos tocaba, solo prendió el mechero, puso a hacer café, corto un budín, y miraba a cada uno de nosotros como reaccionaba a ese madrugadesayuno que estábamos arrancando. El viento seguía intratable, daban más ganas de bajar que de subir, si no fuera por la emoción que teníamos, yo creo que lo hubiésemos evaluado. En eso Luis empieza a acelerar las cosas y lo primero que hace es abrir la puerta de refugio, y ahí si que la emoción de salir casi casi fue ejecutada por la evaluación de bajar, creo que no quedo prenda sin ponerme, entre el frío que había pasado a la noche, y el frío que entraba por esa puerta, no me puse la bolsa de dormir, porque no encontré un cuchillo para hacerle el agujero para que me pase por la cabeza. Bueno gente, hay que salir de esta carpa de chapa y meterle el pecho a lo que vinimos a hacer, que era esa hermosa cumbre que habíamos visto la tarde anterior. Mochila al hombro, piqueta y bastón en mano, grampones en los pies, pecho de paloma y sangre burbujeando a pleno. Teníamos todo, a caminar se ha dicho. Ya estábamos listos para caminar, como mujer con taco aguja, los grampones empezaban a mostrar las primeras complicaciones, pero nada que paso a paso no vaya siendo cada vez más llevadero. En medio de la noche, recordemos que arrancamos a caminar a las 3.30Am, vi una de las imágenes más emotivas e impresionantes, desde los diferentes senderos se veía a todos los caminantes con sus linternas de minero encendidas, en realidad lo único que se veía eran las luces moviéndose por las diferentes alturas del valle, algo realmente único. Junto con el escalofrió de las luces, empezaba ya a arrancar el escalofrió del mismísimo frío con el que empezábamos a batallar la madrugada. Paso a paso, súper concentrados el camino se ponía cada centímetro de ascenso más y más duro, con un viento que no daba tregua alguna. Más o menos a las dos horas de caminata, comenzaron los problemas para el grupo, Ale (Satellital Flowers), quien recordemos que no había pasado una buena noche, comenzaba a sentir el esfuerzo de la falta de sueño en sus piernas. La primer parada era forzada, la charla de Ale para con el grupo, era que ya hacia media hora sentía las piernas muy cansadas, nos hidratamos todos, Ariel Plasencia decidió cargar la botella de Ale, así quitaba al menos un poco de carga de su espalda, y el grupo decidió seguir a delante. Habremos caminado con una pendiente muy dificultosa, un frío cada vez mayor y un viento incesante, aproximadamente una hora más, donde nuevamente las cosas para Ale se ponían muy complejas, ya con cierto desgaste general, para este momento llevábamos 3 horas de pleno ascenso, no solo alcanzo con un poco de agua para continuar, sino que tuvimos que improvisar una reunión grupal sobre como seguía el tema y tomar un poco de glucosa para levantar energías, ahí fue donde en común acuerdo decidimos que lo mejor era que yo (De Viajero A Viajero), al menos por un rato llevara la mochila de Ale, para ver si podíamos lograr que entrara en ritmo, y utilizar las ultimas opciones que teníamos como para no tirar para atrás el ascenso, y no lograr la cumbre. En este momento ya amaneciendo, vi otra de las imágenes más increíbles, y era el mismísimo Volcán Lanin transportando su imponente sombra sobre el mismo cielo y acariciando el valle con todo su impresionante tamaño, era como mirar al horizonte y visualizar un volcán al lado del otro, como que el fantasma del Lanin se materializaba para mostrar todo el respeto que debíamos tenerle. Seguimos luchando picada tras picada, nieve y más nieve, y ni hablemos del viento que ya era una banda de sonido insoportable. Pero los 4 bien de cabezas duras seguíamos en firme. Cuando de repente llegamos al comienzo de una rampa, la cual veíamos el final ya que un grupo estaba llegando a la explanada superior, y realmente daba miedo el ángulo de caminata. Y acá estuvo el gran y triste problema para el grupo, Ale decidió no seguir, Luis nos comentó que aún faltaban aproximadamente 3 horas, y que sobre la cumbre había una tormenta con la que íbamos a tener que lidiar, y si bien Ale suponía que el físico tal vez con lo justo le daba para llegar, le daba muchísimas dudas que este físicamente preparado para volver sin que tengamos problemas. Y decidió por el bien del grupo que su ascenso llegaba a su fin, lo cual me llena de orgullo, porque su decisión no solo fue pensando en sí mismo, sino en nosotros (otra cosa no esperaba de mi hermano de la vida), y dándonos la posibilidad a Ariel y a mí de acoplarnos al grupo que aún seguía pese a las condiciones adversas. Hicimos esa explanada obligados a prácticamente correr, para no perder al grupo, y las primeras palabras que recibimos de los guías, fueron, miren que tienen que estar realmente bien, nos esperan 3 horas a dentro de un frizzer, y de acá en más, no se para ni para descansar ni para tomar agua, ni para nada, 3 horas, frío, viento, continuidad, todo era muy adverso, pero con Ari pusimos la cabeza en objetivo, y respondimos que sí, que estábamos seguros de soportar lo que venía, o mínimamente intentarlo. Si hay algo acá que te frena es la cabeza, si uno lo evalúa con conciencia, no sale ni a la noche a caminar, es ese gran tire y afloje, entre la cabeza y el corazón. Y acá, el corazón gano. Caminamos por más de 1 hora, donde no se veía ni a 5 metros, yo cerraba el grupo en conjunto con uno de los guías, y al único de los 6 que tenía al frente que veía, era a Ariel. Es más, en uno de los grandes remolinos de viento que nos agarró, lo vi a Ariel volarse prácticamente sobre la ladera del Volcán, las cosas eran muy pero muy bravas. Otras de las grandes sorpresas con las que me encontré, fue que de pronto, empecé a ver raro, como distorsionado, hasta que focalicé bien, y me di cuenta que la vista estaba obstruida por mi flequillo, el cual se había congelado por completo, como también mi barba, y el cuello polar por el que se condensaba mi respiración y automáticamente se hacía hielo. Algo muy pero muy complejo, era de película. Y en el momento menos pensado, ya casi rendidos, se escucha a lo lejos al guía que grita "CUMBRE", al mismo tiempo que marca con una piqueta el lugar de ingreso y salida de la misma, ya que realmente no se veía absolutamente nada. Ese día que había comenzado tan pero tan temprano, tenía el gran fruto del esfuerzo, habíamos logrado con Ariel hacer cumbre, la alegría era un calco opuesto al desgaste que sentíamos. En una de esas viene uno de los guías y nos dice, chicos, miren la temperatura, su reloj marcaba -10°C, y nos dijo, imaginen la sensación térmica que hace con este viento y nieve. Sí, estábamos en un lugar súper hostil a unos -20°C de térmica. Algo que si me lo cuentan antes de subir, creo que me hago unos mates y los miro por TV. Pero volviendo a la realidad, ningún helicóptero nos iba a ir a buscar, osea, nos toca bajar del coloso de lava. Y ahí estábamos con Ariel Plasencia en plena cumbre a pura emoción. Recuerdo que me saque los guantes para poder agarrar de la mochila las cámaras y tener algún recuerdo más allá de los visuales, entre el apuro, el frío y la emoción, tropecé con los grampones y caí de palmas al piso, el frío que se me metió por las manos, creo que me llego hasta los pelos, a cierto, el pelo estaba hecho escarcha desde antes, bueno, nada, como si fuera poco, ahora con las manos en la nieve, casi ni la cámara podía sostener del frío. Llegue a sacar unas cuatro o cinco fotos, a filmar 10 segundos y la puntada en las manos por el frío, ya casi no me dejaban ni pensar. Así que corriendo guarde todo, me puse los guantes y a otra cosa mariposa. Ahora tocaba comenzar el descenso, lo cual cuando uno evalúa hacer algo como una cumbre y tiene poca experiencia, al descenso le saca importancia, total, todo lo que sube tiene que bajar, y acá sí que comenzaron los problemas para mí (De Viajero A Viajero), si bien hasta el momento todo me había salido como lo pensado, jamás creí que me costaría tanto bajar. Al comenzar a descender note que la pisada no la sentía tan firme como cuando subía, en pocas palabras, me sentía un flan. En las partes de las explanadas o senderos de terraza no tenía tanto drama, ya que eran casi planos, pero ni bien el ángulo comenzaba a bajar, ya sentía que entre los grampones y el viento, algo en mis piernas no estaba bien. Fui intentando con todas las fuerzas seguir el ritmo que llevaba el grupo, pero ángulo tras ángulo notaba que se me hacía más y más difícil. Y ahí mi cabeza comenzó a pifiar, comencé a sentirme inseguro, y por primera vez en toda la travesía, entendí en carne propia lo que les había pasado a Satellital Flowers y a Pablo Andrés Cohen. Ya alejados de la cumbre y luchando con las diferentes sendas, llegamos a la ladera donde todo todo era en ángulo de bajada, ya no había explanada de descanso, ni ángulos llevaderos, ahora tocaba bajar fuerte. Y las cosas se complicaron aún más. El suelo comenzó a llenarse como de mini montanitas de hielo, que fueron formadas por el viento en conjunto con la nieve que la misma nube trasladaba, las cuales algunas al pisar con los grampones las rompía, pero otras eran tan duras que hasta patinaba, lo cual me trajo unas tres o cuatro caídas durísimas, y ya solo lo que me complicaba no era la cabeza, sino que la rodilla operada comenzaba a tener ciertas molestias, las cuales fueron creciendo hasta llegar al refugio, donde nos volvimos a encontrar los cinco participantes iniciales de nuestro grupo. Nos desvestimos íntegros con Ariel, ya que teníamos absolutamente toda la ropa mojada, y solo había dos horas de tiempo para secar todo el equipo, almorzar y hacer el trayecto final hasta la base. Ahí es donde Luis vio mi rodilla y me consulto con cara de preocupación, como pensaba bajar con la mochila de quince kilos, teniendo la pierna tan hinchada. Y mi respuesta roso los egos con los que en el último tiempo luche para que no estén tan a flor de piel, pero la realidad es que en este momento los necesitaba, como también la convicción de poder llevar adelante mi problema físico, y sacándole importancia a la situación le dije a Luis, vos dame dos horas que esto lo soluciono. Manos a la obra, mientras la ropa se secaba y Luis preparaba en el refugio una picada excelente para almorzar, me tome un antinflamatorio, agarre el átomo y me masajee un rato largo para ver si drenaba un poco de líquido, y me vende con una venda elástica de abajo para arriba, para evitar que el líquido se me vaya a los pies. Me senté con la pierna un poco levantada y a rezar. Arrancamos a almorzar y cada vez el tiempo de recuperación era menos, ya casi teníamos que arrancar. Arme la mochila corriendo, me puse la ropa que estaba colgada, aun algunas prendas sin secarse del todo, pero había que continuar. Lo primero que le consulte a Luis fue si hacía falta ponernos los grampones, y al responderme que no, al menos un poco respire. Bueno, mochila al hombro, bastones en las manos, y la pena de tener que dejar ese refugio, que si bien nos hospedo poco, las imágenes son eternas. Comenzamos el descenso los cinco, paso a paso, y con algún que otro resbalón entre el pedregullo suelto. Cada vez que me tocaba pisar medio inestable, la puntada de la pierna me salía por el ojo más o menos. Y de pronto, llegamos a una lengua de nieve, en el que el ángulo de caída era notoriamente grande a simple vista, y de la nada misma, Luis nos presentó algo así como el parque de diversiones del Lanin. Nos dijo, el que se atreve, puede bajar por acá haciendo culipatin (miren, por no caminar más, si me decían que haga un parapente con la mochila, creo que lo hacía, así que imaginen mi sonrisa cuando me ofreció bajar haciendo culipatin). Fue sin duda la frutilla del postre. Hicimos tres descensos prácticamente consecutivos a plena resbalada. Entre la emoción, el frío del contacto con la nieve y el no caminar, sentía que la pierna la tenía como para arrancar el ascenso de cero. Y a pura resbalada fue como llegamos hasta una de las laderas de lo que sería la espina de pescado, caminando al borde de uno de los hilos de agua de deshielo que se forman casi casi a los pies del Lanin, seguimos más o menos por una hora y media más, la emoción del casi casi lograr finalizar la travesía, mezclada con la visual de lo que estábamos dejando atrás, formaba simplemente una lagrima en pleno rostro. Una lagrima de alegría, por todo lo que salió bien, por todos los que lo compartimos, no solo en el Volcan, sino todos esos que dejamos en casa, apoyándonos día a día, esas imágenes, esos rostros, que cuando uno más los necesita, nuestra cabeza los trae en imágenes especulares que te dicen "da un poco más". Ya con el grupo muy distendido, sacándole fotos a todo lo que se cruzaba, llegamos al arenal de pirca y luego a transitar por el bosquecito, para ya si llegar en breve al puesto del Guardaparque. Solo quedaba cambiarnos íntegros para ponernos ropa fresca y ante todo seca, tirarnos un rato a descansar, y por supuesto armar unos mates para que la vuelta sea más llevadera. Por mi parte, casi casi sin aire, con el orgullo de haber logrado lo que me propuse, con la tranquilidad de estar bien, y con la felicidad de volver a hablar con mis seres queridos luego de dos días en la montaña. Voy a extrañar esto de narrar sobre el Lanin, así que me parece que mañana algo más ponemos. Gracias mil a todos por darse el tiempo de leerme, por disfrutar junto a nosotros 5 de esta travesía, y en mucho de los casos de los que leen y sabían sobre lo que íbamos a hacer, por enviarnos esas fuerzas desde lejos, al recordarnos durante esos dos días, ya que su recuerdo a nosotros de algún modo nos llegaba como energía. Gracias.

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